Editorial

Se me cayó mi hija al piso, digo “se me cayó” porque asumo mi entera responsabilidad. La senté dos segundos confiando en que se iba a quedar quieta y no calculé que el papel que estaba en el piso era de suma atracción para ella. Cayó, la atajé en el aire, lloró, grito, la abracé, se calmó y sonrió. Ni media marca, realmente no le había pasado nada.

Ya me había pasado una vez con la mayor, en un avión cuando aterrizamos y todos nos levantamos para irnos, la senté para colgarme la mochila y otra vez el bendito papel atractivo en el piso. De nuevo llantos, esta vez la caída sí dejó una marquita y me sentí la peor madre del mundo.

En ambos casos el contexto fue el mismo: LA MIRADA DEL OTRO. Ahí, clavados en mí, juzgándome al 100%, podía leer en sus ojos que “a mí no me hubiera pasado”, ví una cara de negación y hasta temí que, como mínimo, aparezca el de seguridad para tratar de sacarme la tenencia (sí, lo sé, mi imaginación vuela). Pero lo que más me llamó la atención es que muchas de esas miradas eran de otras mamás que incluso tenían a su lado a un chico de la misma edad que el mío, ¿entonces? Hay algo que no estoy entendiendo… Si bastante tenemos nosotras solas con nuestras culpas y nuestra propia mirada juzgadora hacia adentro, ¿no deberíamos ser más comprensivas con otras mamás y entender la situación? Cuando en un local lleno de gente el niño empieza a hacer un berrinche y vos ya pasaste por eso creo que lo correcto (o al menos eso yo hago) es seguir de largo, tomar el hecho como algo natural, y si estás muy cerca y lo amerita podés ayudar a la mamá que el hijo se cayó o hacer algún comentario que le sume, que le haga sentir acompañada y comprendida, pero nunca juzgada.

Creo que si los que somos padres empezamos por dejar de juzgar al otro, entonces ya eliminaríamos un gran porcentaje de miradas juzgadoras que te cruzas en la calle.

Y sí, es verdad que a veces ves una situación y pensás que ya la viviste y lo manejaste diferente. Pero no te olvides de que cada una hace lo que puede, tal vez esa mamá viene de un día malo o muy triste y está colapsada, y ni hablar de la personalidad de cada chico que es diferente.

Mi propuesta entonces es que seamos más comprensivas con el otro. Yo por lo pronto trataré (si tengo otro hijo) no dejarlo dos segundos sentados… o al menos asegurarme de que no haya ningún papel atractivo a la vista.