Editorial

Hay algo que me anda dando vueltas en la cabeza hace días: ¿qué pensarán los niños de las influencers cuando sean grandes? Se me ocurren varias opciones: tal vez les encante la idea de que su mamá haya hecho de sus vidas un reality show (incluso han contado cuando le vino por primera vez a la hija); les de lo mismo, ni siquiera se sienten a pensarlo, es algo con lo que crecieron y les es natural la exposición; lo odien, no entiendan por qué su mamá hizo algo así con sus vidas y se tomó el derecho de publicar todo, hasta fotos en la bañadera desnudos.

Las opciones son miles, tantas como tantos niños hay en el mundo. Es un poco como el hijo del actor famoso, muchas hemos crecido a la par de ellos y hemos visto como han odiado la exposición algunos pero hoy disfrutan siendo actores o modelos ellos mismos. Pero en este caso me parece un poco diferente, porque muchas de las cuentas de influencers consisten en ser un reality show de las vidas de sus hijos, mostrar lo que hacen y los sentimientos que genera eso en la mamá. Hasta el punto de que muchas veces dejan ver una intimidad que, a mí personalmente, me cuesta entender, como por ejemplo mostrarse con una sonrisa al lado de un bebé del que saben que no va a vivir mucho más.

Llámenme anticuada o que no entiendo de qué van las redes sociales, pero yo no siento que sea así, solo que hay límites con los que yo no negocio. Sigo a varias de estas cuentas, en algunas comento porque me siento  identificada, otras porque me hacen reír. Pero en estos días me di cuenta de que las cuentas que dejé de seguir tienen algo en común: eran un “gran hermano”. No me sumaba en nada su contenido, incluso a veces, me molestaba porque me parecía demasiado.

Entonces pensé que estaría bueno que todas las que tienen ganas de hacer un blog de maternidad piensen antes hasta qué punto quieren llegar, sean conscientes de que si funciona cientos de personas van a conocer todo de sus hijos (o hasta lo que vos decidas mostrar) y van a opinar. También deberían analizar qué le van a responder a sus hijos cuando crezcan ante un posible planteo de por qué han contado tanto de ellos, si te sentís cómoda con la respuesta entonces ¡adelante!

Yo por mi lado opté, en mi cuenta personal de Instagram, eliminar a toda la gente que me seguía y yo no conocía, porque es un espacio donde me gusta subir fotos de las chicas y contar algunos pequeños logros, pero no quiero compartirlos con miles de personas y tampoco quiero dejar de hacerlo, así que encontré el punto medio para mí.

Eso sí, un favor te pido, no subas fotos de tus hijos desnudos. Ya sé que no hay nada más tierno que las colitas de los bebés o verlos divertirse en la bañadera, pero lamentablemente hay mentes retorcidas en este mundo y no está bueno que esas fotos den vueltas por internet.