El primer libro escrito por un niño de 3 años

 

La periodista y escritora Cecilia Alemano recopiló los diálogos disparatados y alucinados con su hijo mientras que la ilustradora Seelvana los coloreó con sus lápices. ¡Ahora juntan los fondos para hacerlo papel!

 

Por Cecilia Alemano

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Hola! Soy Cecilia, tengo 36 años, soy periodista, escritora, profe y mamá de Tomás. Desde que nació lo llamé “mi pedacito de cielo”, con su sonrisa generosa y esos ojos que lo comprenden todo.

Su papá y yo nos separamos antes de que se largara a caminar, cuando apenas decía algunas palabras, pero nos esmeramos siempre en darle mucho amor y en que no resintiera el dolor de esa ruptura. Sabíamos que era un sol que había llegado a nuestras vidas a iluminarnos, y que teníamos que ser -ahora sí-  mejores personas.

Sus primeras palabras fueron simpáticas y divertidas como la de todos los chiquitines a esa edad. “Chetín” era chupetín, “pibus”, era dibus, “Muca”, música y “¡Maf!”, significaba que quería más comida. Me causaba mucha gracia cuando decía “cocholate” en vez de chocolate, “comolotora” por locomotora y “pistacola” en vez de plasticola.

Me acuerdo que una vez volví de la cocina y encontré que no quedaba ninguna aceituna:

  • Tomás, ¿Y los carozos? ¡¿Te los tragaste?!
  • Los cascarones se fueron a su casita.- Me dijo- Ssshh, no los molestes.-  Estaban todos detrás del sillón.

 

 

Tiempo después lo vestí de murguero para ir a la colonia del jardín: esa mañana iban a celebrar el carnaval. Al verlo la seño le dijo: “¡Pero mirate! Sos todo un murguero”. Él, serio, la corrigió: “Soy Tomás Hacker disfrazado de murguero”.

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Un día, no sé cómo, empezó a decir cosas que tenían un sentido más allá. Ocurría sobre todo antes de dormir, en el espacio íntimo que se crea entre madre e hijo a esa hora tierna y ensoñada. Una de esas noches me dijo al oído “Mami, la vida es para vos”. Semanas después, ya acostados:

– Sos linda, mamá.
– Vos sos hermoso. Gracias por elegirme como mamá.

– De nada.

 

Fue cuando el álbum donde anotaba sus ocurrencias dejó de alcanzarme. Incluso pasaba que me sorprendía con sus inspiradas ideas en momentos donde todo lo que tenía  a mano -como todo el mundo- era mi celular. Así fue que empecé a tomar nota inmediata en Facebook. Digo “inmediata” porque siempre me esmeré en no dejar pasar el tiempo, porque a los adultos se nos escapa el cómo, y lo reponemos con nuestras palabras que nunca son las mismas.

A lo largo de un año, entre sus 3 y sus 4, debo haber transcripto uno de nuestros diálogos casi a diario. Mis amigos, mis familiares, colegas… muchísima gente empezó a reparar en la agudeza de algunas observaciones:

– Mami
– Hm..
– Mamiiii.
– Qué, Tomi
– Te voy a contar cuando dejes de mirar tu teléfono.

También en su sensibilidad, siempre tan acentuada (y que me hace ser tan clara y cuidadosa en mi modo de criarlo):

– ¡Tomás! ¿Te dije hoy que te quiero mucho?
– Hm, no…
– ¿Noo?
– No, me parece que no me queriste hoy.

 

En su sentido del humor:

– ¿Qué tal sí vamos a “Mandonals” hoy?
– No, To, ya fuimos el otro día. ¿Te acordas?
– Si, ¡pero no es divertido acordarse!

 

Y en ese modo sencillo de decir lo difícil:

– ¡Ma! ¿La cabeza es oscura?
– No sé, nunca me metí adentro. 
– Claro, la gente tiene los ojos para afuera. Porque si miran para adentro pum, ven un fantasma y se asustan.

 

¿Y si todo esto lo meto entre dos tapas? Pensé un día. Enseguida se me ocurrió que tendría que ser ilustrado con muchos colores. Y quién mejor que Seelvana, que tiene su niña interior ahí, siempre en modo on. Hicimos una concienzuda selección, con frases que tuvieran autonomía, que alternaran humor, con sapienza y corazón; y nos pusimos a trabajar en las ilustraciones. Después de seis meses todo estuvo listo.

Ahora, para recaudar los fondos necesarios para enviar a imprenta este hermoso librito ilustrado con tanto amor, subí una campaña a Ideame, la plataforma de financiamiento colectivo. La gente compra su ejemplar en preventa a precio “amigo” y nos ayuda a hacerlo realidad. Con un plus: por cada libro que se venda en este periodo de campaña vamos a donar otro a hogares, jardines y bilbiotecas infantiles.

El plan es win- win- win. ¡Todos ganamos!

En este sueño me siento una intermediaria, entre Tomás, Seelvana y el mundo. Me encanta pensar que lo escribió un nene de 3 años y lo ilustró una “nena” de 32. No quiero ganar absolutamente nada haciéndolo. Mi único objetivo es que este hermoso proyecto sea papel y se multiplique.  Que ya es muchísimo.

Además, tengo material de sobra para otro tomo… ¿Quién sabe?

Sé parte vos también de nuestro sueño. Entrá ahora al proyecto en Ideame y ayudanos a hacerlo realidad desde $45!

Sólo tenés que hacer clic acá: http://bit.ly/2ozCgGL

Gracias, gracias, gracias infinitas.

Conocé más del proyecto mirando el video: https://vimeo.com/212845449