Hijos: ¿Pegar o dialogar?

El golpe físico educa a los niños en una doble moral, donde los golpes están mal, pero dados a tiempo son una solución

Por Mariana Kersz

Foto: Norma Saénz Fotografía

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Pegar un cachetazo o dar una nalgada a los niños son algunos de los métodos utilizados para castigarlos. Muchos padres consideran que pegando a sus hijos de vez en cuando, se imponen y logran corregirlos. Otros padres, sobrepasados, recurren a la violencia física aun cuando no estén de acuerdo con ello. Sin embargo, dar un golpe impide comunicarse con ese niño, generando grandes dificultades para comunicarse entre hijos y padres, deteriorando la comunicación entre ambos.

Diálogo ante todo
La tendencia actual es apostar por el diálogo, la educación, la tolerancia y la libertad, y entender la equivocación o el error como una evidencia de cómo piensa ese niño, e intentar partir del error para encontrar nuevas respuestas que generen un aprendizaje. Por supuesto poner límites es un acto de amor, pero el golpe físico educa a los niños en una doble moral, donde los golpes están mal, pero dados a tiempo son una solución.

Cuando un niño tiene un mal comportamiento, hay que entender las razones que lo llevan a actuar así. Como padres tenemos la obligación de hacer una lectura de lo que está pasando para poder entender al niño. No es lo mismo que tenga hambre, sueño, esté ansioso o que esté aburrido… Encontrar estrategias que permitan prevenir estos comportamientos es una tarea escencial de los padres. ¡No es posible castigar a un niño por su mal comportamiento si este se debe a que tiene hambre!

¡A poner límites!
La educación liberal, basada en los principios de tolerancia y autocontrol, nos ha marcado sustancialmente, en un buen y en un mal sentido también. Es fundamental que los niños aprendan a controlarse por sí solos, a ser independientes y a entender las normas de moral y ética del contexto en el que viven. ¡Poner límites es un acto de amor! y el no hacerlo a tiempo genera grandes problemas en la vida de esos niños. Pero por supuesto, poner límites no significa “darle un golpe a tiempo”, sino hacerles entender con lógica y reflexión lo que esté sucediendo. Aun con niños pequeños, la vía es -siempre- el diálogo, la respuesta amorosa que limita, y no la violencia ni la humillación.

Cuando un niño es golpeado para que aprenda o para que se comporte bien, esto limita automáticamente su capacidad para resolver situaciones difíciles, lo obliga a ser sumiso dañando gravemente su autoestima, su capacidad de razonar y se engendran más comportamientos violentos que no permiten que medie la palabra: la violencia se expande. Los niños en general no logran asociar el mal comportamiento con el golpe, y por ello repiten el comportamiento indeseado, porque no hubo ningún aprendizaje.

Ser observadores de nuestros hijos

Entonces, en vez de recurrir al golpe, hay que ser grandes observadores, prevenir en vez de curar, anticiparse a una posible situación. Escuchar a los niños en sus necesidades, deseos y expectativas. Los castigos deben ser siempre establecidos en cada familia, advirtiendo que los malos comportamientos tendrán sus consecuencias. Si el niño es pequeño y hace un berrinche, sería recomendable llevarlo a un ambiente neutral donde pueda calmarse: escuchar la voz calma del adulto les da la tranquilidad que necesitan para controlarse. Y por supuesto, cuando tu hijo haga algo bien, siempre, siempre, abrazarlo, felicitarlo, estimularlo para que siga comportandose así. No se trata de poner el eje en lo que regularmente sale mal, sino en lo que habitualmente haga bien. Si las buenas conductas son premiadas seguramente se esforzará para repetirlas.

Mariana Kersz es Licenciada en Psicología, MN 59610, maneja grupos de contención familar en su Clínica de Parejas, además es Sexóloga y especialista en Terapias de Pareja. www.clinicadeparejas.com