Historias de Lectoras

“Fui mamá a los 38 años”

 “Hola, mi nombre es Valeria, tengo 38 años y mi historia con el padre de mi hijo, comenzó hace un poco mas de 6 años.

Era un 4 de febrero, aniversario de la muerte de mi abuelo paterno y dos de mis amigas me invitaron a un asado. Con muy poco ánimo de asistir, luego de que me insistieran y mucho, afloje y dije que si. Fue desde ese entonces que no nos separamos más con mi pareja. A la semana, él salía de vacaciones y me invitó. Recuerdo estar sentada en la arena y el preguntándome si tenia nombre para mis futuros hijos. Yo muy alejada de la imagen de verme mamá, le conteste que no, que nunca lo había pensado. Él agregó que era hijo único, y que sus padres también, razón por la cual quería tener una familia numerosa. Mi respuesta entre risas fue “Yo no soy Maru Botana, buscate otra”.

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A pesar de esos anhelos tan distintos, seguimos juntos y luego de consolidarnos como pareja y vivir juntos, llego el deseo de ser padres. Momento angustiante para ambos. Mis médicos me decían que era poco probable que pudiera ser mamá ya que tenía y sigo teniendo una lesión en el cuello del útero. Por su parte, con apenas 25 años le diagnosticaron linfoma de mediastino y luego de seis meses de quimioterapia logró vencerlo, pero también con la advertencia de los médicos de que en algún futuro esto podría condicionar la calidad de los espermatozoides.

Ambos, con mucho miedo de no poder ser padres de manera biológica, pero a su vez con ganas de adoptar, dejamos de cuidarnos. El primer mes me compré un test de ovulación y dos test de embarazo. Mi ansiedad era enorme y el resultado fue negativo. Mi desesperación crecía día tras día y sin embargo, al segundo mes de no cuidarnos, quede embarazada. ¡Si!, al segundo mes. La alegría desbordaba nuestros corazones y decidimos contar a las familias de esta bendición llamada Valentín pasadas las 15 semanas. El embarazo lo viví súper relajada. No tuve náuseas, me sentía fantástica. Trabajaba en dos colegios primarios, estudiaba a la noche, hacia la residencia en un secundario, iba a la pileta 4 veces por semana y si podía más. En cambio él lo vivía con muchos nervios. La noche anterior a cada ecografía y examen, no dormía y se contracturaba todo. Una madrugada, después de no poder dormir de los dolores, fuimos al hospital y me dejaron internada por la vesícula. Los cirujanos me querían inducir el parto, pero mi obstetra se opuso. Luego de recibir tratamiento vía vena durante cuatro días, me dieron el alta y cuando me estoy por ir, rompo bolsa faltando unos días para llegar a la semana 37. Fue el pasado 26 de octubre que nuestras vidas cambiaron para siempre”. Valeria Rey

 

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