La higiene que deseo para mis hijos.

Cuando mi hijo tenía alrededor de 22 meses, empezó a encontrarse con el concepto de suciedad. Nosotros (padres, educadores y sociedad) ya habíamos dicho la palabra sucio, suciedad, asco, cientos de veces para él, como lo hacemos para todos los niños, pero ahora él empezaba a comprender algo de este concepto, empezaba a entender que “sucio” era algo negativo. Fue una etapa en que ensuciarse le costaba mucho. Cada vez que le pasaba o se le decía que se había ensuciado lloraba angustiado.

Conviviendo con su angustia con relación a esta temática, no pude dejar de preguntarme; ¿Así que nosotros le enseñamos lo que es lo sucio? ¿Cómo podemos enseñar a los niños sobre higiene, sin dejarlos demasiado preocupados con el tema? O que entiendan que les estamos diciendo que estan sucios y no que son sucios.

Para pensar sobre el tema, se me ocurrió inicialmente aclararme lo que sería realmente la suciedad. Creo que el núcleo de este concepto es el contacto con algo que puede traer daño a la salud o bienestar de ellos.

Considerando esto, en el libro “Let them eat dirt” (en español, “Déjalos comer tierra”), algunos estudios acerca de nuestra relación con los microbios nos piden que repensemos la forma como nos relacionamos con el ambiente que nos rodea. Históricamente, desde que empezamos a mejorar las condiciones básicas de higiene de nuestro hábitat (ej. uso de agua potable, la colecta de la basura, entre otros), redujimos de forma significativa las tasas de enfermedades, y observando que estas mejoras tenían efectos positivos en la salud, pasamos a incorporar más y más hábitos de higiene en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, los investigadores a los que refiere el libro, dicen que actos como lavar demasiadas veces las manos, uso de alcohol en gel, jabón anti bactericida, el uso indiscriminado de antibióticos y pensando en nuestros hijos, alejarlos de la tierra y animales, limpiar con demasiada frecuencia sus juguetes, entre otros, nos vienen trayendo también el efecto negativo de alejarnos de millones de microbios que son indispensables para el fortalecimiento de las defensas de nuestro organismo, importantes sobre todo en la primera infancia.

Con estas informaciones en mente, cuando hablamos de higiene con nuestros hijos, me parece importante dejarles claro que existen diferentes tipos de sucio. Los medios conocidos como campos fértiles para el desarrollo de los microbios peligrosos a nuestra salud, de los cuales tenemos que alejarnos, y el sucio bueno y sano para el organismo, desarollo psicológico y también cognitivo, al cual es bueno que nuestros hijos se acerquen. Este entendido como el mundo de la tierra, arena, charcos de agua, animales, entre otros, que además de fortalecer las defensas del organismo,  promueven un vínculo con la naturaleza y fomentan la curiosidad, tan importante para el aprendizaje y autonomía.

Presentarles este otro lado de la suciedad, incluye permitir (y si es posible fomentar) que se ensucien con el bueno, con el sano, sin que tengan que limpiarse enseguida, apagando las ollas de lo que exploraron y de con qué jugaron.

Un mundo en el cual mucho de lo que se encuentra alrededor es presentado como sucio, es sin duda amenazador, puesto que en nuestra sociedad damos a la suciedad una connotación muy negativa. Pero en un mundo en que existe tambien el “sucio” bueno, identificarse con la suciedad no necesariamente tendría que ser identificaerse con algo malo.