Mascotas en casa

Por María Alejandra Rossi

 Tal vez en algún momento tu hijo te pidió tener una mascota en casa. Tal vez ya tenés una pero estás embarazada y te preguntás cómo será la relación. Lo cierto es que las mascotas son muy beneficiosas para los chicos, pero ¡demandantes para nosotras!

Beneficios de una mascota en casa

 Un animal que forme parte de la familia nos puede ayudar a organizar nuestros tiempos, hacer ejercicio físico (principalmente en el caso de los perros) y fomentar la responsabilidad sobre todo con los más chiquitos. Los especialistas consultados también nos cuentan que está comprobado que el contacto diario con animales de compañía reduce el estrés, jugar con mascotas eleva nuestros niveles de dopamina y serotonina, haciéndonos sentir más relajados. Otros estudios demuestran que poseer una mascota reduce el riesgo de contraer enfermedades cardíacas.

Las mascotas también pueden ayudarnos a explicar a los chicos las etapas del desarrollo que ellos mismos van a vivir. Y favorece tanto el desarrollo de la capacidad afectiva como la comunicación y demostración de sentimientos. Está bueno, ¿no?

 Mascotas en casa opcion 1

¡A elegir mascota!

 Listo, te convencimos de tener mascota, pero ojo que no todo es tan sencillo, hay algunas variantes, explica la Dra. Jazmín de la Vega,  a tener en cuenta en el momento de la elección: espacio físico, tiempo disponible y presupuesto. Es necesario evaluar la comodidad y la seguridad del animal en nuestro hogar, contemplar que tendremos que dedicarle nuestro tiempo y que su mantenimiento nos va a costar dinero, porque va a necesitar, además de su comida, vacunas, visitas al veterinario, medicamentos si se enferma, baños y paseos en caso de que no podamos hacerlo nosotros. Pero sobre todas las cosas, destaca de la Vega, tenemos que considerar que estamos asumiendo un compromiso por toda su vida y vamos a tener que cuidar de ella siempre porque van a depender de nosotros, incluso cuando estemos de vacaciones.

¿Perro o gato?

Juan Manuel Liquindoli, especialista en comportamiento animal, nos da las diferencias entre los dos animales que son los más elegidos por las familias. El perro es más sociable, necesita de mayor contacto con el grupo familiar y es más simple enseñarle algunas órdenes o trucos. El gato, si bien es un animal doméstico, suele ser más independiente y requerir de un contacto social no tan intenso como el del perro. Aunque realmente generan vínculos muy estrechos con sus propietarios. Al perro hay que dedicarle más tiempo: para pasearlo, para jugar y para educarlo. La educación del perro, sobre todo cuando es cachorro, suele ser más trabajosa que la del gato. El gato, en líneas generales, requiere menos tiempo: con jugarle un rato cada día y compartir momentos de mimos le bastará.

Con respecto a las vacaciones algunos animales solo requerirán que algún amigo o familiar vaya una vez al día a darles de comer y cambiarles el agua. El perro, especialmente, requiere de un mayor contacto social, por lo que necesitaremos que alguien pase varias horas del día en casa,  o dejarlo en una guardería de confianza.

El vínculo mascota-niño

 La mejor opción para evitar problemas de agresividad en la mascota es adoptarla dentro de su período sensible de socialización, para el perro antes de los 4 meses y para el gato antes de los 2 meses y medio. Es importante invitar amiguitos de nuestros niños a casa durante este período para que el animal se familiarice con todo tipo de chicos: más gritones, más enérgicos o más miedosos. Si decidimos adoptar una mascota adulta, hay que cerciorarse de que esté habituada al contacto con niños y en todos los casos estar muy atentos a las primeras reacciones del animal cuando se encuentre con el niño y observar si disfruta de la cercanía con los niños, si quiere jugar, si los evita, se pone tenso o gruñe.

Cuando el grupo familiar ya cuenta con una mascota y se aproxima la llegada de un bebé, lo primero que hay que hacer es llevar a la mascota al veterinario para revisar su estado de salud, que esté correctamente vacunada y desparasitada. También debemos ir modificándole con anticipación las rutinas que se verán afectadas con la llegada del niño. Cuando el bebé ya esté en la clínica junto a la madre, algo que puede hacerse es llevarle ropa del niño a la mascota para que vaya habituándose al olor. Es importante que el animal relacione este olor con una experiencia agradable. Para esto, podemos ir felicitándolo con nuestra voz, acariciarlo y darle trocitos de comida mientras olfatea la prenda.

Cuando los niños comienzan a gatear o a caminar, debemos ser cuidadosos: los contactos siempre deben estar bajo supervisión y debemos ir enseñándole al niño de qué manera interactuar y cómo acariciarlo. En el caso del gato, es importante que cuente con zonas o  lugares “seguros”; lugares a los que el niño no tenga acceso y donde el animal pueda posarse ahí “a salvo” y tranquilo cuando lo desee.

Liquindoli sugiere que los adultos estén siempre presentes cuando niños y mascotas comparten tiempos juntos. Esto permite tanto evaluar si hay alguna reacción extraña de la mascota como educar a nuestros niños en relación al trato y respeto para con el animal.

Expertos consultados

Dra. Jazmín de la Vega, MP 13873, especialista de Puppis (www.puppis.com.ar).

Juan Manuel Liquindoli, licenciado en Psicología, adiestrador canino y especialista en Etología Clínica, www.filosofiaanimal.com.ar, Facebook: filoanimal, Instagram: filosofía.animal