“Mi bebé no iba a poder vivir y por ley podía abortar”

En casos como Inés Giaccio, donde su bebé iba a morir al nacer y el sufrimiento para toda la familia era algo asegurado, el aborto era una opción.

Por Verónica De Martini

Inés tiene dos hijas de 7 y 4 años, venían de perder un embarazo de 8 semanas el año anterior cuando se enteraron de la feliz noticia de que iban a ser padres de nuevo.

 

“Acá veo una anormalidad”

“Al momento de llegar a la ecografía de las 20 semanas (el Scan Fetal) yo aún no sabía el sexo del bebé, y lo primero que me muestra el ecógrafo es que era un varón, llore de la emoción porque sabía lo mucho que su papá lo soñaba (él no había podido estar presente, yo estaba sola con el médico)

El estudio sigue analizando órgano por órgano y venía todo perfecto… hasta que llega por ultimo a la cabeza y me dice: “acá veo una anormalidad”, y me señala la imagen en la pantalla. “¿Ves? acá están los ojos y la cabeza debería continuar para arriba y no continua”, no se veía la frente. Se concentra en el estudio de la cabeza y me confirma que se trataba de un caso de anencefalia, que es un defecto del cierre del tubo neural  y que no se había formado ni el cerebro, ni el cerebelo, ni el cono superior del cráneo.

Según me explica, esta patología es incompatible con la vida y me comenta que podíamos pedir la interrupción del embarazo, que era uno de los casos amparados por la ley (obviamente mediante presentación judicial) y me sugiere que lo converse con mi médico, porque según sus palabras ”ese bebé no iba a tener posibilidad de nada, son bebés que no viven fuera del útero materno, que no respiran por si solos, que no ven, que no oyen, que su destino iba a ser siempre el mismo. Que me convenía ahorrarme ese dolor”

 

El aborto no era una opción viable para nosotros.

“Nunca consideramos el aborto como una posibilidad viable, para mí la patología de Manu era algo accesorio, estábamos hablando de un hijo, de “nuestro” hijo. La noticia generó un vínculo más fuerte aun con él  y la necesidad de protegerlo más que a nadie,  teníamos un montón de amor de padres y de familia para darle.

Nació por parto natural, el embarazo generó un aumento importante del líquido amniótico y eso generó que se adelante un mes de la fecha probable de parto.

Nos habíamos preocupado por buscar un obstetra que pudiera darnos, además de la atención médica, la contención emocional que esta situación requería. Asique al  parto entramos súper tranquilos, estábamos rodeados de un equipo muy cálido y cuidadoso, que puso todo para que la situación fuera lo menos dolorosa posible.

Al momento en que lo ponen en mis brazos  la primera imagen fue un poco fuerte, ya que nació muy morado y por supuesto por la forma de su cabecita, pero inmediatamente pasa a ocupar lugar un amor inimaginable que no puede parar de brotar. No podía dejar de llorar y  de abrazarlo y besarlo al mismo tiempo. Nació con latidos pero no respiraba por sí mismo, vivió 15 minutos”

 

“No me arrepiento de nada”

 A pesar de todo lo que lo extrañamos y del dolor que estamos viviendo, nos emociona saber lo mucho que Manuel nos dejó. Nos unió como familia, nos fortaleció como pareja, nos enseñó a volver la mirada sobre las cosas esenciales de la vida y a valorar lo mucho que tenemos. Nos demostró de cuánta gente sensible y solidaria estamos rodeados. Nos llevó a conocer, en el Hospital Austral, a un equipo de médicos extraordinariamente humano y contenedor.
Cada movimiento en la panza, el amor y la alegría con la que lo mimaron sus hermanas todo este tiempo, el momento de conocerlo al nacer, van a ser, entre tantos otros, recuerdos imborrables en nuestras vidas.

No me arrepiento de nada, agradezco cada minuto de Manu que pudimos disfrutar y todo lo que con esta vivencia pudimos capitalizar”.