Natación para bebés: Entre juegos y aprendizajes

¿Buscás alguna actividad para compartir con tu bebé? La natación tiene muchísimos beneficios.

Por Geraldine Verczberger

Foto: Pixabay

Foto: Pixabay

Muchas familias desean realizar alguna actividad con sus hijos aún lactantes, pero no están muy seguros de cuáles son las más convenientes. Una de las posibilidades es la natación para bebés, que al ser dinámica y completa, es una forma de estimulación temprana especialmente en lo afectivo debido a que se forma un estrecho vínculo entre madres, padres e hijos.  Si bien no se busca que el bebé aprenda a nadar, estas clases favorecen la estimulación motriz y en un futuro, permite que el pequeño adquiera con mayor facilidad los movimientos de la natación y ayuda a la familiarización con el agua.

La licenciada Graciela Areces detalla algunos de sus beneficios: “Los bebés menores de un año se adaptan al agua más rápidamente que los niños mayores. El miedo al agua se adquiere conforme el niño va creciendo, mientras más tiempo esté apartado de una pileta, probablemente desarrollará sentimientos de desconfianza y hasta fobia. Además, los bebés pueden ejercitar sus músculos debido a que están menos restringidos por la gravedad, lo cual conlleva a un incremento paulatino en su fuerza gracias a la actividad física dentro de la pileta, que a menudo se manifiesta en estos pequeños, cuando los mismos desarrollan tempranamente ciertas habilidades psicomotrices tales como gatear, caminar o trepar.

El agua a una temperatura agradable combinada con ejercicios suaves, relaja los músculos del bebé, estimula su apetito y, por lo general, comen y duermen mejor. Desde el punto de vista fisiológico favorece el acrecentamiento del aparato cardiorespiratorio y colabora en el desarrollo del aparato osteomuscular. Por último desde el aspecto psicológico, el niño aprende a conocer el agua, un medio que no le es el habitual. El dominio paulatino de este nuevo ámbito le va dando seguridad e independencia, pero una independencia responsable que le va ayudando a adquirir una cabal noción de sus posibilidades y limitaciones.  Por último hay un beneficio, que sin dudas es el más importante, y es la alegría y el placer que proporciona esta actividad cuando es adecuadamente abordada.”

Esta actividad se puede empezar a realizar a partir de los tres o cuatro meses de edad, siempre con una autorización previa del pediatra.  En ese primer tiempo de vida, se termina de madurar el sistema inmunológico del bebé y las posibilidades de resfríos u otitis disminuyen dependiendo de la época del año. Este tipo de actividad se extiende hasta los dos años y medio o hasta los tres.

Con respecto a las clases, el docente es un facilitador de las actividades pero debe haber realizado cursos especializados. Las escuelas de natación para bebés tienen como objetivo brindar un ambiente cálido y placentero para que puedan disfrutar, tanto padres como hijos. La Licenciada Areces agrega: “Otra de las metas es servir de base para que, con una adecuada estimulación, el niño logre su independencia acuática entre los tres y cuatro años. Definimos la independencia acuática a la capacidad de desplazarse sin ayuda externa por un natatorio profundo con la competencia y dominio suficientes sin riesgos para la salud”.

Esta puede ser una experiencia enriquecedora para el bebé, sus padres y hasta para el profesor. No hay que olvidarse que el principal protagonista es el pequeño, el cual podrá obtener muchísimos beneficios a partir de este juego o deporte acuático. Tan sólo tienen que consultar con el pediatra, preparar sus trajes de baño, las ojotas y zambullirse juntos en esta nueva propuesta.

 

Graciela Areces es Prof. de Educación Física, Guardavidas, Lic. en Nutrición, Coordina las actividades del Centro de Natación Infantil, de la carrera de Lic. en Nutrición de la UNLaM y además es profesora adjunta de Medicina del Deporte (carrera Medicina en la UNLaM) y de la asignatura Nutrición y deporte (carrera Nutrición en la UNLaM)