¡No quiere comer!

De un día para el otro tu hijo no quiere comer más, quedate tranqui que es normal y  hay una explicación para esto.

Por Laura Muñoz Carmona.

child-559415

Foto: Pixabay

Un buen día, de la noche a la mañana, (¡literalmente!), tu hijo, que desde siempre había comido bien, ya no quiere comer con el mismo entusiasmo, ¿Qué le pasó? ¡Nada raro!, y es que según nos cuenta la Dra. Karen Silva de Planas “este cambio se da en torno al primer año de vida, y se debe a la disminución de la velocidad de crecimiento”. Como los bebés comen en relación a su tamaño, incluso más que los adultos, es normal que en algún momento de su vida empiecen a comer menos.

Cómo cada individuo es diferente, en algunos se manifiesta tempranamente alrededor de los 9 meses, y en otros un poco más tarde, entre los 18 y 24 meses de edad, tiempo en el que la velocidad de crecimiento comienza a disminuir.

De vuelta a la normalidad.

Entre los cinco y los siete años de edad los chicos comienzan a alimentarse nuevamente de forma regular, sin embargo, éste hecho pasa desapercibido por muchos padres, en especial por aquellos que no confían en la sabiduría natural que posee el ser humano para reconocer cuando está satisfecho, y que además olvidan que no todas las personas tienen las mismas necesidades ni el mismo nivel de hambre.

Un pequeño que practique deportes, por ejemplo, gasta más energía que uno sedentario, cuyo consumo calórico diario es mucho menor.

¿Qué hacer si no quiere comer?

Aunque de entrada puede parecer una tarea titánica, tal y como nos explica nuestra especialista, no hay nada que una buena dosis de ingenio, paciencia y amor, no pueda resolver.

Establece una rutina. La hora de la comida debe tener un lugar, un horario, y un fin claro y necesario. No corras a tu hijo con el plato y la cuchara, ni cedas ante el pedido de comer en la cama o en el sillón. Acostumbralo desde un principio a sentarse frente a su plato, en la mesa o en su silla de comer.

Involucralo. Motivalo invitándolo a buscar con vos recetas nuevas, a preparar los platos juntos, poner la mesa y lavar los platos.

Fomentá su autonomía. Deja que él mismo se sirva y que decida qué quiere ingerir (no tiene por qué gustarle todo) y en qué cantidad. No está de más entregarle un juego de cubiertos para que manipule los alimentos mientras vos se los das.

Creá un ambiente agradable. La hora de comer debe ser atractiva. Dale una atmósfera relajada, libre de ruidos, amenazas y discusiones.

Coman en familia. De éste modo se sentirá acompañado, tendrá un modelo a seguir, imitará y se apropiará de los hábitos alimenticios de los adultos, y por si fuera poco, se fortalecerán los lazos padre-hijo.

Buscá variedad. Además de evitar que se aburra de ingerir siempre lo mismo, probar una variada cantidad de alimentos saludables ayudará a que su paladar se acostumbre a distintos sabores y texturas.

Que sea divertido. Comer saludable no tiene por qué ser sinónimo de aburrimiento. ¿Un tip? Usá moldes de galletitas para hacer figuras divertidas, y complementá con las salsas de quesos o frutas para hacer los platos más llamativos.

Ofrecele sólo lo que necesita. No pretendas que coma la misma cantidad que vos. Dejá que él decida y coma la cantidad que necesita para satisfacer su hambre y desarrollar de forma sana sus gustos.

Cambiá su percepción de la cantidad de comida. En función de su edad y necesidades, servile en platos grandes para que perciba que las cantidades son pequeñas,  de esta manera no se abrumará.

No lo obligues. Además de las consecuencias emocionales y psicológicas que conlleva, forzarlo a alimentarse puede despertarle una adversión hacia los alimentos, e incluso hacerlo vomitar.

¿Cuánto es suficiente?

Como referencia podemos considerar que la ración de un niño equivale a un cuarto de la de un adulto, y que un infante de entre 1 y 3 años de edad necesita a diario, aproximadamente, 40 calorías por cada pulgada de altura, las cuales deben ser distribuidas en al menos 5 comidas diarias, incluyendo 2 meriendas.

Karen Silva de Planas, es médica pediatra egresada de la Universidad Central de Venezuela.