¿Qué es el bullying realmente?

Hoy escuchamos hablar de bullying por todos  lados, pero… ¿sabemos de qué se trata?

Por Sofía Lewicki (redactora invitada)

Lo que comúnmente conocemos como bullying puede traducirse como acoso escolar y tiene que ver con una conducta agresiva o maltrato que un niño ejerce sobre otro con el fin de generar un  daño de manera premeditada.

Cabe aclarar que cuando hablamos de conducta agresiva no nos estamos refiriendo únicamente a la agresión física sino a la violencia en cualquiera de sus vertientes: psicológico, verbal, social.

¿Todo es bullying?  

“Me dijo que yo no podía jugar con ellos, me están haciendo bullying” me decía un paciente de nueve años.  

No todos los conflictos que surgen en el aula son bullying. Los conflictos que puedan surgir de la convivencia escolar, si son resueltos de manera adecuada, pueden resultar muy positivos para el crecimiento tanto grupal como individual. Por eso es importante que entendamos la diferencia porque al etiquetar todo bajo el rótulo de  bullying perdemos la posibilidad de que una situación conflictiva pueda transformarse en aprendizaje. Entonces, ¿Cómo diferenciar el bullying de otro tipo de conductas? la particularidad es que la  conducta agresiva se sostiene a lo largo del tiempo sobre la misma persona de manera reiterada lo cual supone un gran dolor y padecimiento.

 

Sin testigos no hay bullying

El bullying se compone de un agresor, un agredido y los testigos silenciosos. Sin testigos no hay bullying. Los testigos colaboran de alguna manera con el acoso ya que al no denunciarlo frente a los padres o las autoridades permitan que esto siga sucediendo. Pueden reaccionar de dos maneras:

  • estimulando la agresión, con palabras, gestos, filmando con el celular, etc.
  • Quedándose callados pero presenciando la escena: si bien estos son testigos pasivos es una manera de aprobar la conducta.

Bullying, por ahora va esta, no me convence mucho, voy a seguir buscando

¿Por qué no denuncian?

Muchas veces por miedo a convertirse en  victima del agresor o por no perder el sentido  de “pertenencia” al grupo o bien porque eso sería de “buchón” y aquí debemos hacer una salvedad: ser “buchón” tiene que ver con querer humillar a alguien y ponerlo en evidencia (ese es el único fin) en cambio la denuncia tiene como fin pedir ayuda, sentirnos amparados y seguros.

¿Por qué se da el bullying?

Existen varios factores que pueden estar interviniendo.

Conflictos interpersonales: que pueden estar siendo negados u ocultados.

Intolerancia a las diferencias: no hay lugar para el que piense o actúe diferente

Afán desmedido por el éxito que viene de la mano de la aceptación social, es decir, que para pertenecer se debe ser exitoso (según lo que se valore en ese grupo) puede ser un deporte, la inteligencia, la apariencia física, etc.

Falta de reconocimiento: tanto por parte de sus pares como de los adultos

Ausencia del círculo familiar: falta de contacto, de presencia. Suplir esas carencias con objetos de consumo o televisión, juegos, etc.


¿Cómo puedo darme cuenta si mi hijo está siendo víctima de bullying?

Primero que nada, como padres tenemos  que estar siempre atentos a las señales que nos dan nuestros hijos. Nunca desestimar el pedido de ayuda (y esto vale tanto para padres como autoridades).

Uno de los síntomas más frecuentes es que dejan de querer ir al colegio, presentan algunos síntomas  de introversión, se aíslan y no quiere juntarse con sus compañeros.

¿Qué hacer?

Escucharlos, validar las emociones que el niño están sintiendo. No culpabilizarlo.  Hacer circular la palabra tanto en la familia como en la escuela. Dirigirse a las autoridades escolares  quienes deben propiciar un clima para la reflexión y empoderamiento de los alumnos y miembros de la institución para prevenir futuros casos.

 

Algo está fallando…

El sistema educativo actual sumado a los mensajes que recibimos desde los medios de comunicación y el fanatismo por el consumo favorece los climas de competitividad, individualismo y segregación de lo diferente. Los padres pasan muchas horas fueras de su casa y cuando llegan a sus casas (debido a la vorágine y exigencias del día) se encuentran sumamente exhaustos, lo que debilita la presencia, el contacto y la comunicación con sus hijos. Se van formando de esta manera personas altamente dependientes, vacías, con carencias emocionales muy fuertes.  Por lo general hay algo en común que tienen el acosador y el acosado: una baja autoestima. Y para erradicar estas problemáticas necesitamos cambios desde la manera en la que nacemos hasta en cómo somos criados. Es decir, un cambio de paradigma.

Históricamente se ha ubicado a los bebés y los  niños como objetos: no tenían capacidad para sentir, hacer, recordar. Numerosos estudios científicos han demostrado que un porcentaje del cerebro ya se encuentra desarrollado al nacer y que alrededor de los tres años ya está desarrollado en un 80%. Sin embargo, insistimos en creer que “no entienden” “qué no pueden”, desvalorizamos sus emociones diciendo “no pasó nada” “no seas maricón” e infinidades de palabras y acciones  que marcan profundamente el psiquismo de nuestros niños. Cuando van creciendo y no se ha advertido de todas estas carencias, no pueden hacer otra cosa que reproducirlo con sus pares ya sea ocupando el rol de “agresor” como el de “agredido”

Debemos reivindicar el lugar de los niños en nuestra sociedad. Entender que son personas que entienden, sienten y sufren y esto es respetar sus procesos fisiológicos y acompañar su desarrollo respetuosamente desde la palabra y con acciones.

Experta consultada: Sofía Lewicki, mamá de Juana y Licenciada en Psicología, con formación en salud mental perinatal y crianza con apego. Trabaja con niños en el ámbito educativo y continúa capacitándose en pedagogías alternativas como Pikler y Montessori. Además atiende en consultorio y vía Skype acompañando a madres y familias en la crianza de sus hijos.

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