¿Qué lleva a un niño a ser ingrato?

Desde que son chicos somos nosotros, los padres, quienes los crían de esta manera

Por Mariana Kersz

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¿Qué lleva a un niño a ser ingrato?

En la sociedad en que vivimos los chicos suelen ser tratados como auténticos miembros de la realeza desde el día en que nacen (e incluso antes). No hay nada malo en esto, los esperamos durante meses, e incluso años y nos aseguramos de tener para ellos los últimos dispositivos y artefactos que aseguren su máximo cuidado, protección y seguridad, intentando criarlos así de la mejor manera posible.

Sin embargo, cuando crecen, se dan cuenta que esto va a ser siempre asi, lo dan por sentado y se comportan como si se les debiera tratar como reyes solo por haber nacido. Y es cierto, tenemos la obligación y el deber de darles amor, alimentarlos, vestirlos y principalmente darles las herramientas necesarias para que sean adultos independientes y autosuficientes, capaces de adaptarse al medio que los rodea. Sin embargo, pensar que cada uno de sus deseos debe ser cumplido es erróneo.

Los niños no son adultos, no pueden imponer sus normas y decir qué cosas son las que quieren que si o si se cumplan y respeten. Y es en esa asimetría donde tenemos que tener mucho cuidado, porque la forma en que educamos a nuestros hijos es lo que hará la diferencia en función a la comprensión del mundo que los rodea. Si permanentemente concedemos todos sus deseos y los consentimos el 100% del tiempo en lo que nos piden, seguramente sean niños que no entiendan del todo que “un regalo” o “complacerles un capricho” es un privilegio, y no una obligación de nuestra parte. Por decirlo claro, consentirlos en todos sus caprichos tiene que ser la excepción a la regla.

Lo que si funciona como una obligación para nosotros, como padres es enseñarles desde pequeños a ser agradecidos, a decir gracias, por favor y a entender que frustrarse por no conseguir lo que desean en ese momento es algo perfectamente válido y saludable, que no todo tiene que ser resuelto inmediatamente…que algunas de sus demandas pueden quedar sin respuesta.

El poder de los berrinches

Por supuesto, si un niño comienza a hacer un capricho para conseguir un nuevo juguete y que los padres dan, tenderá a iniciar su ataque una y otra vez porque ya funcionó en la primera y seguramente funcione el resto de las veces. Los niños que utilizan el berrinche como herramienta saben que pueden medir a sus padres y creen que mágicamente los padres harán lo que el pide. Claramente, si desde el nacimiento es un niño que no ha atravesado la frustración de la espera, del “no tener”, de poder darle tiempo a cada demanda, seguramente crea que con lágrimas puede conseguirlo todo: jueguetes, salidas, ver la televisión, jugar a lo que quiera, etc. Por nuestra parte, como padres, si no señalamos este comportamiento como incorrecto y le enseñamos a pedir bien lo que desea, sin hacer berrinches ni gritar, pidiendo por favor y siendo agradecidos, entonces los chicos tampoco tienen un modelo claro de donde aferrarse para imitarnos. Recordemos…la educación es un proceso a largo plazo, un niño caprichoso y consentido no va a convertirse rápidamente en un adulto que pueda esperar y controlarse ante las frustraciones.

Mariana Kersz es Psicologa y Directora de la Clínica de Parejas www.ClinicaDeParejas.com